La industria sucroenergética brasileña tiene en São Martinho uno de sus mayores exponentes. Este grupo procesa alrededor de 24 millones de toneladas de caña de azúcar cada zafra, una cifra que contextualiza la magnitud de su operación: supera ampliamente toda la capacidad de procesamiento que posee Argentina en el mismo rubro.

Cuatro ingenios, ubicados en São Paulo y Goiás, conforman la base operativa de São Martinho. Desde estas plantas emergen productos diversos: azúcar para consumo y exportación, etanol en sus distintas modalidades, bioelectricidad generada desde residuos de la caña, y una serie de derivados que maximizan el aprovechamiento de la materia prima.

En los últimos tiempos, el grupo ha avanzado de manera decidida en el desarrollo de etanol de segunda generación, tecnología que transforma residuos agroindustriales en combustible de valor agregado. Esta línea de negocios responde tanto a demandas comerciales como a presiones ambientales globales que empujan hacia combustibles más sostenibles.

El contraste entre las cifras de São Martinho y la producción argentina revela aspectos profundos de la industria regional. Brasil concentra inversión en operaciones de gran escala, aprovechando condiciones climáticas favorables y políticas que estimulan la producción de biocombustibles. Argentina, aunque posee tradición en el sector azucarero, opera con plantas de menor envergadura.

São Martinho no es solamente un procesador de caña: es un generador de energía, un productor de biocombustibles y un actor integrado en cadenas de valor que van más allá de lo tradicional. Su tamaño y diversificación ilustran la estrategia que ha permitido a Brasil posicionarse como potencia en el mercado de energías renovables de América Latina.

Imagen: 闻 禾 / Pexels – Con informacion de Bichos del Campo

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