El sector lechero cerró el 2025 con un volumen total de 11.618 millones de litros, logrando un salto interanual del 9,7% que dejó atrás el estancamiento de años previos. Para el ciclo actual, los informes de la cadena láctea anticipan que la tendencia se mantendrá con una suba estimada del 3%, impulsada por la mayor eficiencia en los rodeos y la incorporación de tecnología en los establecimientos.

La lechería argentina confirmó su recuperación y atraviesa un ciclo de expansión histórica. Tras el cierre de los balances anuales, se ratificó que el 2025 fue el año de mayor producción de leche de la última década, rompiendo con el estancamiento que arrastraba la actividad y superando marcas que no se alcanzaban desde 2015.

Según los relevamientos difundidos por el portal especializado Infocampo y datos del Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el volumen total ordeñado ascendió a 11.618 millones de litros. Esta cifra representa un salto interanual del 9,7% respecto al ciclo anterior, confirmando un rebote productivo mucho más vigoroso de lo esperado por los propios analistas del mercado.

El fenómeno se explica fundamentalmente por una mejora sustancial en la eficiencia de los rodeos. Si bien la cantidad de tambos se mantiene estable o con una leve tendencia a la concentración, la productividad individual por vaca ha crecido gracias a la inversión en tecnología, el manejo nutricional ajustado y la estabilización de los sistemas de mayor escala.

Lejos de considerar este pico como un hecho aislado, las expectativas para el 2026 son sumamente alentadoras. Los informes técnicos de entidades como CREA anticipan que, de mantenerse las condiciones climáticas normales para la generación de reservas forrajeras, la producción nacional volverá a crecer durante el año en curso.

La proyección de base estima un incremento adicional del 3% para este nuevo ciclo. De concretarse este escenario, la oferta de leche cruda podría rozar los 12.000 millones de litros, consolidando al sector en un nivel de actividad inédito que permitiría abastecer con holgura tanto la demanda del mercado doméstico como los compromisos de exportación.

Este optimismo se sustenta en la respuesta biológica de los planteles y en la capitalización que han logrado los establecimientos tras la buena campaña pasada. La industria láctea parece haber encontrado un nuevo piso de rendimiento, dejando atrás definitivamente las secuelas de las sequías que golpearon la actividad en años anteriores.

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